Un reciente informe de la OCDE tumba la afirmación de que los españoles pagan unos impuestos ...
02-07-2010
Me pasa siempre que tengo que hacer la Declaración de la Renta.
Porque cuando tengo delante de mí los impresos azules, escucho una voz del Ministerio de Economía que dice: «Bueno, chaval, vamos a ver si has pagado tus impuestos como Dios manda, ejem, quise decir, como Yo mando». Y entonces escupo lava por la boca.
No sólo les he dado buen parte de mi renta sino que he tenido que pagar dos veces por cosas que el Estado no me ha servido.
Como muchas familias, cuando mis hijos eran pequeños, mi mujer y yo decidimos darles una buena educación y eso significaba enseñarles un idioma extranjero. No había colegios públicos donde enseñaran bien lenguas extranjeras (ni los hay, no se molesten) de modo que sacrificamos nuestro ocio y ahorros para que los chicos estuvieran mejor preparados.
Muchos padres de familia hicieron lo mismo. ¿Y qué decía el Estado? «Chaval, ése es tu problema». No nos ha descontado ni un puñetero euro. Lo consideraba un gasto. ¿Un gasto? ¿La educación de nuestros hijos un gasto? Otros países europeos daban clases bilingües en sus colegios públicos, de modo que ahora uno va a una reunión internacional y se encuentra con suecos y finlandeses que se manejan extraordinariamente bien en inglés, y con españoles con la cara sonrojada.
Pero había más. Como no nos satisfacía el servicio de salud del Estado (salvo el entrañable médico de cabecera), tuvimos que apartar otra parte de la renta para sufragar un seguro sanitario privado. Estábamos hartos de esperar meses para cualquier especialista. «Ése es tu problema, chaval». ¿Descuento por entregar nuestra renta a la salud? Cero patatero. Aquí no funciona eso de «si no está satisfecho con su compra, le devolvemos su dinero».
Además, como procuramos mantenernos en forma, cosa que nos cuesta dinero, nuestra buena salud ha supuesto más ingresos para el Estado porque casi nunca hemos estado largas temporadas en cama y enfermos. Trabajar, estar en activo, significa pagar impuestos y aportar dinero a la caja del Estado. Pero el Estado no nos premia por estar saludables. Todo lo contrario. Nos castiga por ello.
Es peor todavía. El Estado nos castiga por progresar. A medida que vamos ascendiendo puestos en la lucha por la vida, también vamos ganando más dinero pero llega un momento en que, sin ser ricos, tenemos que entregar casi la mitad de nuestros ingresos al Estado. Hoy el tipo impositivo máximo es del 43%. Llegó a estar al 56% y, por eso, un torero decía que cuando iba a la plaza, mataba un toro para él y otro para Hacienda. «Ése es tu problema chaval».
¿Y cómo asciende uno? Pagándose cursos de idiomas, invirtiendo en masters o en cursillos, es decir, quitándose parte de la renta para formarse y ser mejor profesional, algo natural en todo ser humano (algunos ascienden fastidiando a los demás, se me olvidaba). Pero al Estado le tiene sin cuidado porque no nos descuenta ni un sólo euro. ¡Y no nos hemos ido de viaje! ¡Ni de copas! Muchos de nosotros nos hemos pasado semanas enteras encerrados en casa y estudiando. Hemos invertido mucho dinero en libros y en estudios, creando una masa humana para hacer a este país aún mejor. «Ése es tu problema, chaval».
Algunas veces, el Estado me ha devuelto dinero pero ha sido una cantidad tan miserable, que me he sentido explotado. Después de todo lo que he pagado en impuestos directos, lo que he recibido es un vale de comida.
Y pasan cosas aún más terribles. Hay gente en paro que no ha cobrado nada porque el INEM está desbordado. Los desempleados deben ir cada tres meses a las oficinas para sellar su ficha y demostrar que siguen en paro. Durante años han abonado sus cuotas al INEM y ahora el Estado no les da lo que es suyo.
Por eso me he divertido tanto con la portada de un número de la revista El Jueves dedicada a Hacienda. El texto dice: «Declaración de 2008. ¿Te acuerdas? ¡Cuando tenías curro! Documento de ingreso y porculación». En la casilla de «Ocupación», muestra que hay que marcar lo que corresponda: «Despedido». «Con los cojones por corbata». «Soy dueño del banco».
Más abajo en el apartado de hijos, añaden: «¿Has pensado en venderlos para experimentos farmacéuticos?».
Luego, escriben: «¿Estás tarareando algo mientras rellenas este impreso?». «En caso de haber respondido sí, un 10% de tu declaración irá a las arcas de la SGAE».
Lo mejor es la parte donde aparecen un montón de cuadros en blanco con la siguiente instrucción: «Marca en negro los meses que curras para pagar a Hacienda». La media española es de cuatro meses.
Los ilustradores añaden más chistes como el de una pareja que está rellenando el impreso del IRPF y, de repente, ella dice: «¡Ya lo tengo! Hemos olvidado desgravar la hipoteca, Juan». Y él responde: «La hipoteca no la podemos desgravar porque no la hemos pagado, pedimos una moratoria».
¿Y qué decir de las pymes? Algunas empresas y autónomos tienen que pagar impuestos trimestrales sin haber ingresado casi nada porque sus clientes les están demorando los pagos. Pero como Hacienda se maneja por la norma contable del devengo, los empresarios deben pagar el IVA inmediatamente. ¡Pero si no han cobrado! «Chaval, es tu problema».
Entiendo ahora el movimiento creado por un grupo de navarros llamado Día del Contribuyente. El mes pasado simularon un encierro por las calles de Pamplona en el cual, un montón de gente corría despavorida para huir de las astas de los impuestos. Han creado una web llamada www.díadelcontribuyente.org donde uno puede calcular cuánto paga de impuestos. Cuando ustedes vean sus resultados, podrán gritar conmigo ¡demolición del Estado!
Acceda al pdf del artículo